Ella adentro no entendía lo que sucedía, era de madrugada y no había otra imagen en sus ojos como canicas mas que aquella de esos bienaventurados hombres subiendola al coche a la fuerza. Se sentía atrapada, observaba a su alrededor, la pared era vieja, parecía como si hubieran arrancado ya un tapiz y casi al topar con el piso notó que la pared tenía una mancha de café.
Entro sin avisar, una mujer vestida de blanco, la acompañaban dos hombres y llevaba en la cabeza una especie de sombrero pequeño en forma de trapecio; dejó en el piso una charola con una hamburguesa, que nisiquiera probó, pero solo de verla se notaba insípida.
Se preguntaba que habría hecho para estar ahí, pero por más que intentaba no lo recordaba.
Pasó para ella una eternidad antes de que llegara la misma mujer con la cena, fue hasta entonces cuando al aventar la comida se vio a sí misma reflejada en la charola atrapada en esa camisa de fuerza.
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